Por: Juan David Ospina, edil del corregimiento del Totumo
Ser joven en Colombia ya es un reto. Ser joven y líder comunitario, aún más. Y si a eso le sumamos estudiar, trabajar y tener una familia, el equilibrio se vuelve una habilidad que no se aprende en libros, sino en la vida misma. Esta es mi realidad como edil del corregimiento del Totumo, como padre, estudiante de ingeniería civil y trabajador comprometido con mi comunidad.
A veces la gente piensa que ser edil es un cargo más, que solo implica asistir a reuniones. Pero detrás de cada propuesta, de cada gestión y de cada visita a las veredas, hay horas de esfuerzo, sacrificios silenciosos y una lucha diaria por no fallarle a quienes creyeron en uno. Elegí servir porque creo que la política sí puede tener rostro joven, manos trabajadoras y corazón honesto.
Balancear los tiempos no es fácil. Muchas veces toca estudiar de madrugada o contestar mensajes de la comunidad en medio del trabajo. Y sí, claro que he tenido que sacrificar salidas con amigos, fines de semana tranquilos o planes de diversión. Pero lo he hecho con la convicción de que cada hora invertida en construir comunidad vale más que una noche de fiesta.
Esta no es una queja, es una reflexión. Muchos jóvenes como yo estamos demostrando que sí se puede, que se puede ser líder sin dejar de ser estudiante, que se puede trabajar sin apagar el fuego de la vocación social. Lo importante es tener claro el propósito, entender que no todo llega de inmediato y que el verdadero liderazgo se construye con coherencia, no con discursos vacíos.
Hoy, como joven edil, sigo aprendiendo. Cometo errores, claro, pero también escucho, gestiono, impulso proyectos y, sobre todo, creo en el poder de la juventud cuando se une, cuando se organiza y cuando decide actuar. A los jóvenes que me leen, solo puedo decirles esto: si están haciendo algo por su comunidad, no están solos. Tal vez el camino no sea fácil, pero siempre será valioso.