
Por: Juan David Ospina, Edil corregimiento Totumo.
Quien camina hoy por el centro de Ibagué se encuentra con una escena repetida durante años: calles saturadas, andenes convertidos en pasillos improvisados de venta, filas de vehículos atrapados en medio de un comercio que parece no tener límites. Lo que debería ser un espacio ordenado, con plazas de mercado que garanticen dignidad tanto a compradores como a vendedores, se ha transformado en un escenario de congestión, desorden y pérdida de identidad.
La realidad es que ya no se sabe con certeza cuál es la Plaza de Mercado. Entre puestos en la calle, vendedores sobre la vía y negocios improvisados en cada esquina, el mercado se ha extendido al punto de difuminar sus fronteras. Y en medio de este panorama, la pregunta es inevitable: ¿dónde está la verdadera Plaza de Mercado de Ibagué y quién se hace responsable de que cumpla su función?
El escenario estadístico del despropósito
Ibagué cuenta con cuatro plazas de mercado formales: 14, 21, 28 y El Jardín, que en total ofrecen más de 1.600 puestos funcionando, y algunas plazas con vacantes: por ejemplo, la plaza 21 cuenta con 670 puestos y 33 vacantes; El Jardín con 677 puestos y 45 vacantes para mayoristas, más 28 para minoristas (infibague.gov.co).
A inicios de año, se anunció una inversión de más de $1.100 millones para recuperar estas infraestructuras, especialmente cubiertas y áreas comunes (elnuevodia.com.co, ondasdeibague.com, caracol.com.co). Se esperaba iniciar obras en febrero, con licitaciones previstas y cuadrillas listas para intervención en plazas como La 21.
Pero mientras nos distraemos con techos y bajantes, el dolor del día a día persiste. En febrero y mayo de 2025, comerciantes denunciaron congestión vehicular impune, ausencia total de agentes de tránsito, retraso en recolección de basuras (hasta 2 horas), y rutas de transporte público que dejaron de pasar por la zona por el caos.
Y sobre la basura, ¿les cuento algo? Acordaron que Interaseo pasaría tres veces al día, pero en realidad pasan “una sola vez o cada dos días”, dejando montañas de residuos, habitantes de calle hurgando y hasta restaurantes comprando desechos… ¡Hablamos de un peligro sanitario real!
El dilema organizacional: ¿Quién manda aquí?
La administración local (Alcaldía e Infibagué) tiene el mando formal, pero hasta ahora parece que se hace la vista gorda. El concejal Julián Serna denunció deterioro generalizado: goteras, humedades, carencia de agua, cubiertas desprendidas, y exhortó a la alcaldesa y gerencia de Infibagué a invertir YA, antes de que ocurra una tragedia.
Mientras tanto, la administración departamental —aunque bien intencionadano tiene competencia directa aquí. Organizar plazas es tarea local… pero lograr que actúen, esa sí que parece tarea imposible.
El retrato real (y triste) del centro
El centro de Ibagué vive congestionado todos los días, lo cual no solo ahuyenta compradores sino que entorpece vidas —una ambulancia casi no llega a tiempo por el tráfico, según comerciantes.
Los compradores y transeúntes enfrentan dificultades para acceder a la plaza 21. Y hasta la recolección de residuos, vital para salubridad, funciona de forma irregular.
Resultado: desorden, insalubridad, riesgos y una experiencia de compra que ya no es digna ni eficiente.
Es sarcasmo, pero también es indignación
No se pongan de acuerdo: “¿Dónde queda la Plaza de Mercado auténtica?” podría ser la nueva pregunta viral. Porque entre puestos callejeros, vendedores informales sobre la vía, carros encajonados, basura reina y techos arreglándose, la ciudad pierde su identidad de mercado tradicional. Convertir la plaza en caos permanente es una burla a nuestra cultura, tradición y sentido de orden urbano.
Llamado a la acción urgente (serio, sin ironías)
Que Infibagué cumpla ya con esas obras prometidas: techos, drenajes, estructura. Que coordine con Interaseo y cumpla las frecuencias pactadas de recolección.
Que la Secretaría de Movilidad despierte y mande agentes permanentes, saque a los parqueados abusivos, aplique el decreto de cargue y descargue, y restituya movilidad.
Que la Alcaldía lidere no solo con discursos y ¡cheque arriba!: mesas técnicas con personas con poder de decisión, no con representantes de “voz y sin voto”.
Que existan campañas de concienciación entre comerciantes: si algunos generan desorden, que también conste, afecta a todos—no apliquen “nivel de responsabilidad selectiva”.
Para cerrar…
Ibagué merece una Plaza de Mercado que funcione de forma digna, ordenada y segura
no un escenario caótico disfrazado de tradición. No necesitamos techos nuevos bien maquillados mientras afuera el desastre crece. Necesitamos una plaza que mantenga intacta su esencia: abastecer a la comunidad con respeto, eficiencia y orgullo local.
Esto no es un favor. Es lo mínimo que merecemos. ¿Será mucho pedir? Pues ya es hora de exigirlo.