Por Juan David Ospina, Edil del Corregimiento 16
El invierno ha llegado con fuerza al corregimiento 16 y, aunque la lluvia es parte de nuestra vida campesina, esta vez ha traído consigo más angustia que alivio. No hablamos de casas ni escuelas inundadas, pero sí de una afectación profunda a lo que nos sostiene: el campo.
Las vías terciarias y secundarias están colapsadas por deslizamientos, árboles caídos y desprendimientos de rocas. Nuestros campesinos han visto cómo sus caminos se vuelven intransitables, cómo sus productos no pueden salir y cómo se dificulta el acceso a servicios básicos. En algunas veredas, los acueductos comunitarios se han visto comprometidos y la red de internet rural es cada vez más inestable, dejando a muchos sin comunicación.
La situación es preocupante. La tierra se está moviendo, los cultivos se están perdiendo, y las lluvias no dan tregua. Pero en medio de todo, hay algo que permanece firme: la fuerza de nuestra gente. He visto cómo la comunidad se organiza, cómo se apoyan entre vecinos, cómo sacan adelante lo que pueden con lo poco que hay.
Desde mi rol como edil, elevo la voz no solo para visibilizar esta realidad, sino para pedir acciones concretas. Necesitamos atención a nuestras vías, mantenimiento a los acueductos comunitarios, fortalecimiento de la red de emergencia, y conexión digital estable que no nos deje aislados cada vez que llueve.
Que esta columna no sea solo una queja, sino un llamado al compromiso. Al campo no se le puede seguir mirando solo en tiempos de crisis. Aquí estamos, de pie, resistiendo como siempre, con el corazón firme y las botas llenas de barro, defendiendo lo que somos: raíces vivas del Tolima rural.