Por Juan David Ospina,Edil corregimiento 16 ingeniero civil
Nunca imaginé que decir en voz alta “soy ingeniero civil” pudiera generarme miradas incómodas. Pero desde que Andrés Hurtado dejó la alcaldía de Ibagué, pareciera que ese título se hubiera manchado. Y no por culpa de la ingeniería —una de las profesiones más nobles, técnicas y necesarias para construir futuro—, sino por quienes, tristemente, la usan como adorno político.
Porque Hurtado, que no pierde oportunidad para recordar que es ingeniero civil, ha dejado a más de uno de mis colegas con las manos en la cabeza. Y con justa razón. No hay peor daño que el que se hace desde adentro. Y lo que hizo fue exactamente eso: ridiculizar el oficio, traicionar su esencia y convertir el título en una muletilla de campaña.
Se supone que un ingeniero civil debe planear con lógica, construir con criterio y proyectar con responsabilidad. Pero lo que vimos en su administración fue más bien lo contrario: improvisación, desorden, populismo con casco blanco y selfies en obras que nunca avanzaban. Convirtieron la ingeniería en una escenografía para redes, como si dirigir una ciudad fuera una sesión de fotos en obra negra.
Y lo más grave no es lo que no hizo… sino lo que hizo mal. Porque gobernar mal también es una forma de construir: se construyen desconfianzas, se levantan muros entre la ciudadanía y la política, y se demuelen las expectativas de una ciudad que pedía a gritos liderazgo y gestión, no postureo.
Como ingeniero, me duele profundamente. Porque muchos nos hemos preparado, hemos luchado por dignificar esta profesión, por mostrar que el ingeniero no solo construye puentes físicos, sino también sociales. Pero con administraciones como la suya, nos toca salir a explicar que no todos somos así. Que no todos confundimos obras con anuncios, ni presupuestos con propaganda.
Ahora pretende que le entreguemos el Tolima. Que repitamos la historia. Que le demos más cemento para seguir tapando errores. Y mientras tanto, los verdaderos ingenieros seguimos intentando limpiar el nombre de una profesión que él ha convertido en caricatura.
La ingeniería es una ciencia exacta. La política, en manos equivocadas, se vuelve un experimento torcido. Y cuando alguien intenta unirlas sin ética, sin resultados y sin vergüenza, lo que se obtiene no es desarrollo, sino desastre.
Así que, por respeto a los ingenieros civiles que realmente construyen país, y por dignidad con quienes sí honramos el título, es momento de decirlo claro: el título se estudia… pero la decencia, la visión y la responsabilidad, esas no se consiguen con diploma.