Por Juan David Ospina, edil del corregimiento El Totumo.
La temporada seca ha llegado, y con ella, lamentablemente, regresan también las quemas forestales que tanto daño le hacen a nuestra tierra. En nuestros corregimientos y veredas, ya se sienten los efectos del humo, la pérdida de cultivos, el riesgo para la salud y, sobre todo, el dolor silencioso de un ecosistema que clama ayuda.
Es preocupante que, a pesar de los constantes llamados a la conciencia ambiental, se sigan utilizando prácticas como la quema para “limpiar” terrenos o manejar residuos agrícolas. Estas acciones, lejos de traer beneficios, están afectando gravemente nuestros suelos, contaminando el aire que respiramos y poniendo en riesgo la vida de especies que habitan nuestros campos.
Lo más doloroso es que muchos de los afectados son precisamente quienes viven del campo. Mujeres campesinas, familias agricultoras, adultos mayores y niños que ven cómo el fuego destruye lo poco que tienen. No podemos seguir normalizando estas prácticas por costumbre o desconocimiento. Hoy más que nunca, debemos actuar con responsabilidad.
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Hago un llamado urgente a todas y todos los habitantes de nuestras zonas rurales: cuidar la tierra es cuidar la vida. Necesitamos fortalecer la educación ambiental, denunciar las quemas ilegales y crear estrategias comunitarias que nos permitan prevenir y responder ante estos riesgos.
Desde mi rol como edil, y con el respaldo de líderes y lideresas del territorio, me comprometo a gestionar campañas de prevención, a buscar apoyos institucionales y a promover alternativas sostenibles para el manejo de residuos agrícolas. Pero este no puede ser un esfuerzo aislado. La protección de nuestro territorio depende de cada uno de nosotros.
¡Actuemos y ruralicemos la conciencia!