Por Juan David Ospina, edil del Corregimiento 16
Hoy, 1 de mayo, Día Internacional del Trabajador, quiero rendir un homenaje muy especial a quienes, desde la ruralidad, mantienen viva la esperanza en nuestros campos: nuestros jóvenes.
Pienso en cada joven que madruga en las veredas a sembrar, que bajo el sol o la lluvia cuida sus cultivos, que con las manos callosas, agrietadas y/o cortadas levanta el alimento que llega a las ciudades. Pienso en quienes sueñan con quedarse en su tierra, pero que cada día enfrentan la dura realidad de la falta de oportunidades laborales, educativas y de desarrollo.
En mi recorrido por las veredas del corregimiento 16, recorriendo nuestro territorio entre montañas y planicies en la tierra firme de Colombia, escucho a los jóvenes y a sus familias. Siento en sus palabras las ganas de salir adelante, pero también la frustración de no encontrar caminos claros. Muchos han tenido que dejar sus raíces, migrar a las urbes buscando un mejor futuro, y otros, con resignación y amor por su terruño, siguen aquí, resistiendo y apostando por su territorio.
Es doloroso ver que todavía en pleno 2025, la juventud rural sigue siendo una de las más olvidadas. La falta de empleo formal, de formación técnica adaptada al campo, de apoyo al emprendimiento y de conectividad son barreras que no podemos seguir ignorando.
Como edil, como joven y campesino que también emigró e regresado al campo enfrentado desafíos pero con ideas mas claras y maduras para trabajar en pro de nuestras comunidades rurales , creo firmemente que llegó la hora de cambiar esa historia. La ruralidad no puede seguir siendo sinónimo de carencias. Nuestros jóvenes no solo necesitan trabajo, necesitan proyectos de vida dignos, necesitan ser reconocidos como la fuerza que puede transformar el campo y aportar al desarrollo sostenible del país.
Desde mi rol seguiré gestionando, tocando puertas y levantando la voz para que más programas lleguen a nuestras veredas: formación técnica para el agro, créditos blandos para emprendimientos rurales, programas de empleo juvenil y conectividad que les abra el mundo. Porque creer en la juventud rural no es solo una bonita frase, es una apuesta real por el futuro de Colombia.
Hoy, en el Día del Trabajador, mi compromiso es con ellos: con los que están, con los que se fueron y sueñan con volver, y con los que vienen. Mi llamado es claro: que las oportunidades lleguen hasta el último rincón, para que nuestros jóvenes no tengan que irse, sino que puedan quedarse, crecer y transformar su propio territorio con orgullo y dignidad.