Escrito por Juan David Ospina Edil corregimiento 16 de Ibagué
Como edil y joven rural del corregimiento 16 de Ibagué, he vivido en carne propia el valor profundo que tiene la cultura en nuestros territorios. Desde las veredas, la tradición no es solo un recuerdo: es una forma de resistencia, una herramienta de comunidad y una oportunidad de transformación. En el marco del cierre del Festival Folclórico Colombiano, comparto esta reflexión que nace desde el territorio, con la firme convicción de que la cultura también se gobierna.
Este fin de semana cerramos uno de los capítulos más representativos de nuestra identidad: el Festival Folclórico Colombiano. Detrás de cada comparsa, cada baile y cada melodía de arpa, hay algo mucho más profundo que fiesta: hay memoria, resistencia y territorio.
Y es ahí donde la cultura también se gobierna. Porque no basta con aplaudir las tradiciones, hay que garantizar su permanencia, dignificar a sus portadores y convertir lo cultural en una prioridad del desarrollo local. La cultura no puede ser solo un evento, debe ser política pública viva y cercana.
Desde el corregimiento 16 hemos reafirmado que lo nuestro no solo se defiende desde las instituciones, sino desde la comunidad, desde el hacer colectivo. La cultura nos permite reconocernos, contar nuestras historias y también mostrarle al mundo lo que somos capaces de construir.
Este festival fue una oportunidad, no solo para celebrar, sino para demostrar lo que podemos hacer cuando visibilizamos lo que pasa en nuestras comunidades. Los líderes, hoy más que nunca, debemos asumir la responsabilidad de abrirle espacio a la cultura como motor de transformación. Mostrar lo bueno, lo auténtico, lo que nace desde la gente, también es gobernar.
Que este cierre de festival sea también un inicio: el de una nueva manera de mirar la cultura, no como un accesorio del poder, sino como su columna vertebral.
**Llamado a la acción:** Que cada líder, cada edil, cada joven, cada colectivo, se comprometa a impulsar, proteger y proyectar nuestras expresiones culturales. Porque lo popular tiene poder. Y gobernarlo bien, es gobernar desde el corazón del pueblo.