Por Juan David Ospina-Edil Corregimiento Totumo
Ibagué es una ciudad marcada por una paradoja contundente: aunque más del 80 % de su territorio es rural, las políticas públicas no reflejan ese territorio ni a las mujeres que lo habitan —esas mujeres campesinas que cultivan, sostienen hogares y lideran comunidad con mano firme y silenciosa.
Signos importantes… pero parciales
En los últimos años se han impulsado acciones valiosas, como la inauguración de la primera Casa Rosa rural en El Totumo, un espacio de acompañamiento jurídico, psicosocial y formación técnica para mujeres rurales . También resalta la conmemoración del Día de la Mujer Rural en 2024, donde más de 600 campesinas de 17 corregimientos participaron de capacitaciones, autocuidado y liderazgo .
Sin embargo, aún no existe una política pública con enfoque explícito para la mujer rural en Ibagué. La actual Política de Mujer y Equidad de Género (2014–2024) aborda diversos temas como violencia, salud, participación política y autonomía, pero lo hace de forma general—sin diseñar acciones diferenciadas para territorios rurales .
Brechas que persisten
A nivel nacional, las estadísticas reflejan desigualdades profundas entre mujeres rurales y el resto de la población. Por ejemplo, solo el 40,7 % de las mujeres rurales participa en el mercado laboral, frente al 57,2 % de mujeres urbanas. Además, las mujeres rurales ganan en promedio menos de la mitad que los hombres urbanos . Ibagué no es ajena a estas tendencias: las tasas de participación laboral femenina son mucho más bajas que las masculinas, mientras que el desempleo supera notablemente al de los hombres .
Un llamado político urgente
No se trata solo de incluir una mención genérica en un plan o dar espacios simbólicos. Se precisa de una política pública diferenciada para la mujer rural, con enfoque territorial y reconocimiento claro de su realidad: atención en salud, servicios legales, financiación a emprendimientos, fortalecimiento organizativo, acceso a mercados y empoderamiento político.
Le puede interesar:“Romper el silencio: la urgencia de actuar frente a la salud mental juvenil en el Tolima”
Si el 80 % de Ibagué es rural, y en ese territorio habita la fuerza productiva más callada de nuestra ciudad, entonces quienes hoy tienen voz institucional tienen el deber político y ético de construir junto a ellas un programa real, fondo, ruta y metas claras.
Como representante del sector rural, exhorto a la administración municipal a revisar de manera urgente este déficit. No podemos permitir que la equidad de género sea un discurso urbano, ni que la ruralidad sea sinónimo de invisibilidad. Porque mientras la mujer rural permanezca fuera del radar político, el desarrollo de Ibagué seguirá siendo apenas parcial.