Escrito por Juan David Ospina Edil del Corregimiento 16.
En este Día del Padre, quiero rendir un homenaje especial a esos hombres que, desde muy temprano y sin importar el clima, salen a trabajar la tierra, a cuidar sus animales y a luchar por el bienestar de sus familias. Hablo de los padres del campo: hombres sencillos, fuertes, trabajadores, y profundamente sabios, que muchas veces no aparecen en los discursos oficiales, pero que son columna vertebral de nuestra sociedad rural.
Ser padre en el campo no es tarea fácil. Es sembrar futuro sin garantías, es criar con esfuerzo y enseñar con el ejemplo. Es sacar adelante a sus hijos con lo poco que a veces da la tierra, pero con lo mucho que ofrece el corazón. Es enseñar que el valor de las cosas no se mide en pesos, sino en esfuerzo y dignidad.
Como edil del sector rural, he caminado veredas y fincas donde los padres son líderes silenciosos, guardianes del territorio, sembradores de valores y defensores de la vida. Muchos de ellos, además de ser campesinos, son padres solteros, abuelos que ejercen doble rol, o jóvenes que, con esperanza, intentan heredar un mejor mañana a sus hijos.
Hoy más que nunca necesitamos reconocer su papel, no solo con palabras, sino con acciones. Necesitamos políticas que dignifiquen su trabajo, acceso a salud, educación para sus hijos, vías que conecten sus sueños y mercados que valoren sus cosechas.
En este Día del Padre, mi abrazo va para ellos. Para los que nos enseñan que el amor también se siembra. Que la paternidad no se trata solo de traer hijos al mundo, sino de sostenerlos con amor, principios y manos trabajadoras.
¡Feliz día a todos los padres rurales! Su ejemplo nos inspira a seguir construyendo comunidad.